Qué decir de un personaje que es de sobra conocido por todo el mundo. Un icono cultural que trasciende más allá de las páginas del cómic y que supuso el inicio de un género que comenzó entre viñetas y ahora lo inunda todo, series de televisión, películas, novelas, publicidad, pintura y que ha trascendido incluso en nuestra vida cotidiana, decimos eres como Clark Kent, siempre desapareces cuando hay problemas, o pareces Superman, cuando ven que realizamos un acto por encima de nuestras posibilidades físicas.
Personalmente, y como muchos de mi generación, me acerqué a Superman por la película de 1978, y eso me llevó al cómic, aquellas primigenias ediciones de Bruguera, mal coloreadas y rotuladas, pero con las que disfrutaba en aquellas tardes de pan con nocilla.
Tal vez por eso, porque fue el primero, o porque puestos a pedir, prefiero los poderes del Hombre de Acero a los de cualquier otro (aquello de Superman es el héroe que todos queremos ser y Spiderman es el héroe que todos somos, que solía decirse para justificar la preferencia del arácnido sobre el kriptoniano en toda una generación de los 70, nunca lo entendí, no veía a ninguno de mis amigos admiradores de Peter Parker, subiéndose por las paredes y lanzando telarañas), Superman fue y es siempre mi superhéroe preferido y del que sigo llenando estanterías con sus cómics y aventuras recopiladas y disfrutándolas como el primer día que abrí un tebeo de La familia Superman, hace unos cuantos lustros ya (aunque el personaje haya pasado por multitud de avatares y malas épocas, fruto de sus más de siete décadas sobrevolando nuestros sueños)
Así que, aquí está mi último acercamiento al Último Hijo de Kripton, un pequeño homenaje al título inaugural de Superman y que dio rienda suelta a un nuevo y fantástico mundo de aventuras.
FELIZ 75 ANIVERSARIO, SUPERMAN.

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